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De petardos va la cosa…

balcon

 

La política, en algunos niveles, se parece bastante a un teatro de marionetas. Donde unos creen ser los que manejan los hilos, y otros, pobres de ellos, no saben que son manejados por los primeros. El problema llega cuando los papeles se cambian, o se lían y ya no se sabe quien es el que maneja, el que manda, y quien el que es manejado. Cuando el marionetista se da cuenta de que no puede seguir con su teatro si las marionetas desaparecen, y cuando las marionetas se dan cuenta del poder que tienen sobre quien las maneja. En ese momento los equilibrios se pierden y sólo queda fingir que cada uno está en su lugar para que el espectáculo pueda continuar.

Si a mi reflexión anterior le ponemos nombre, y reflexionamos un poco sobre lo que está pasando en el PP en estos momentos, nos daremos enseguida cuenta de que para que el mal rollo de los vestuarios y las bambalinas salte a escena, va quedando cada vez menos.

Qué poco me gustaría ser Rajoy en estos momentos…

 

El que ríe el último….

mariespe

Hay cosas que me cuesta entender, supongo que porque soy de izquierdas, porque no soy del PP de Madrid ni de Valencia, y porque aún sigo teniendo un concepto bastante claro de lo que significa estar en política, que no tiene nada que ver con meter la mano en la caja…cosa que a otros parece no importarles, ni con ir haciendo favores a tus amigos para que se llenen los bolsilos y si de paso llenan los tuyos, pues mejor que mejor.

El hecho de que Esperanza Aguirre, con lo que está lloviendo se permita el lujo de reírse, no quiere decir más, a mi corto entender, que debe hacerlo por desconocimiento, o desesperación. Otro motivo sería la falta de revisiones oftalmológicas en las filas del partido de la derecha porque no sólo no es que esta Señora no sea capaz de ver las dimensiones de lo que se está cociendo en los juzgados y de cómo huele su partido, sino que Mariano está con la misma ceguera y no ve motivos para “echar” a nadie de su partido. No sé si es por miedo a quedarse sólo una vez que empiece o si, por el contrario, miedo a lo que sus bases puedan pensar de sus dirigentes.

En cualquier caso en vez de pedirles a los demás que limpien sus casas, más le valdría a estos, pasar de la risa al gesto serio y empezar a tomarse como deben tanta porquería que tenían escondida debajo de la alfombra. Sobre todo porque si la justicia rie la última, lo mismo rie mejor.

Marianín y la inmigración

¿Qué mosca le pica a Marianín estos días? El líder el PP se mueve del centro, al que dice pertenecer, a la derecha más radical y más rancia, con una facilidad tal, que a ratos, recuerda a alguno de los concursantes del programa CIRCUS. Si el contratito para “ser inmigrante en España” no hubiera resultado ya suficientemente patético, y hubiese demostrado en las urnas, que no es el camino que la  mayoría de los españoles quieren, ahora vuelve a la carga. Primero, había que demostrar que eras un “buen” inmigrante, integrado, que ibas a misa los domingos, y comías arroz con conejo, y tomabas cañas en el bar y jamoncito. Sin dejar de lado, que bailabas sevillanas si ibas a la feria, sardanas, si estabas en Cataluña y jotas, si el lugar era Aragón.

Eso era en la época pre-electoral, cuando intentaban remover las entrañas de los más radicales, de aquellos que se sienten amenazados en su interior, por un miedo atávico a todo lo que no es tal y como siempre lo han conocido. Las diferencias que tanto asustan. Ahora, Marianín ha cambiado la táctica. Ahora alerta del incremento del gasto sanitario por parte de los inmigrantes, y es que cualquiera que se haya pasado por un centro médico últimamente se habrá dado cuenta de que ya no quedan jubilados en ellos. Ya no hay “españoles”, sólo inmigrantes, y estos ponen en peligro nuestro modo de vida…Pero es que eso no es todo, los inmigrantes, también cobran el paro. Que barbaridad! que país democrático permitíría que en época de crisis, aquellos ciudadanos que han cotizado, y que son extranjeros puedan cobrar lo que les corresponde. No, hombre no!, a esos les devolvemos a casa, que lo nuestro es nuestro y no de ellos.

Cada vez me preocupa más este juego al que juega el supuesto líder del partido de la oposición. Me pierde, o más bien, me gustaría que fuera otro. Una oposición serena, leal y sobre todo que no pretendiese enfrentar a los ciudadanos entre sí. Los inmigrantes que viven en este país lo hacen bajo las reglas que nosotros hemos establecido, bajo nuestras leyes. Miedo me daría de ser inmigrante en un país gobernado por Marianín.

Para no perderse hoy el artículo de Juan José Millas, “La mala fe”