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La Pirenaica

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Hoy publica El País, un artículo hablando de Radio España Independiente, más conocida como Radio Pirenaica. El artículo es a propósito del libro de Luis Zaragoza, Radio Pirenaica, la voz de la esperanza antifranquista.  Donde el autor, habla de la influencia e historia de esta mítica emisora para todos aquellos que aún no habían perdido la esperanza en aquella España, que empezaba a acostumbrarse al franquismo en su apariencia, pero que seguía contando con gentes que se resistían a creer que todo siempre seguiría siendo así.

Alguien se preguntará por qué me interesa la Pirenaica a estas alturas, pero es que no he podido evitar asociar este artículo a las historias que mi madre me ha contado desde hace años, sobre mi abuelo y ellos (mis tíos, mi abuela siempre lo consideró muy peligroso), escuchando la radio en la buhardilla de su casa, intentando sintonizar y escuchar, bajito, lo que contaban en áquella emisora que no se podía escuchar en el salón de la casa. Ella, mi madre,  estoy segura no recuerda lo que escuchaba, pero sabía que era importante, secreto y que no había que contárselo a nadie. Estoy convencida que estas y otras historias del abuelo Alfonso, el que escuchaba la radio a escondidas, el sindicalista, el que consiguió que sus compañeros y él tuvieran vacaciones, por primera vez en 20 años…todas éstas historias, forjaron la historia de quienes somos hoy día. De quien soy yo.

Mi abuelo vivió emocionado cada uno de los días que vivió en democracia, vivió disfrutando haber podido llegar a vivirlo, y me hizo entender lo afortunada que era, lo importante que era la libertad, y haber puesto, aunque fuera pequeña, una parte en que eso sucediera. Librando sus propias batallas, las que él podía luchar y ganar, me enseñó que todos podemos hacerlo. Me gusta esa ídea, la de luchar tus batallas, creo que hemos perdido esa perspectiva, ya no creemos en las pequeñas victorias, sino en las grandes, nos moviliza más Obama, que las calles en mal estado de nuestro pueblo, creemos que lo pequeño, la lucha diaria, la victoria del día a día palidece ante los grandes temas que ocupan los tiempos que vivimos.

Creo que esto estamos equivocados. La política local, la que yo he vivido principalmente, va mucho de eso, de olvidarse de los grandes temas y centrarse en los pequeños, de asumir que tus victorias no serán grandes, pero si importantes, y que tus derrotas no te hundirán, porque te dejarán aliento para poder luchar otro día más. Va de recuperar ese espíritu de resistencia, casi en las trincheras en algunas ocasiones, y a pesar de ello (de centrarse en lo pequeño), no sentirse fracasado, sino orgulloso de haber podido contribuir en la medida de nuestras fuerzas a que el mundo cambie. Como el abuelo Alfonso.

NO A LAS 65 HORAS SEMANALES

Mañana hay pleno, ¡si!, no veré el fútbol muy a mi pesar, pero el deber es el deber y lo primero lo primero. Y lo segundo viene después y no por ello es menos importante. Hace varios días que quería dejar clara aquí mi rotunda oposición a la barbaridad, de intentar volver a las jornadas del siglo XIX. Algunos deber pensar que esto es como si la reducción de la jornada laboral y la negociación colectiva, hubieran sido los juguetes que se le dejan a unos niños para que se entretengan y luego quitárselos, pues de eso nada. Los sindicatos han luchado durante más de un siglo, para conseguir que hoy podamos disfrutar de las ventajas que suponen, los avances en los derechos laborales. Me niego a este retroceso, y se que no soy la única, faltaría más. Mañana hay moción de urgencia sobre este tema, hay que poner el granito de arena en todos los lugares que se pueda, hay que unirse contra este despropósito, todos a una, todos luchando por los derechos de los trabajadores a tener una vida, a disfrutar de sus descansos, a vivir…¡leches!.

¡Y que gane España!