El precio de la vivienda cae y ya no sorprende a nadie ni en este pueblo, ni en esta región, ni en este país, y aún así uno sale a comprarse una casa y se sigue preguntando cómo es posible que parezca casi una utopía adquirir una, seas joven o menos joven, la cuestión sigue siendo la misma: ahorras, o en su defecto, pides una hipoteca. Ni nuevas, ni usadas, libres y por supuesto, en nuestro municipio, en ningún caso de protección oficial. Eso en Caravaca, cómo un buen cine, todo el mundo habla de ello, pero nadie lo ha visto. Le podremos echar la culpa a los bancos, a la crisis o a quien queramos, pero la realidad es que esto no es nuevo, tiene ya solera en la escena política local. Y es hora de asumir lo que se está haciendo mal.
Y hay cosas que desde luego no se entienden. Para comenzar, es asombroso como durante los últimos años se han anunciado proyectos, muy conocidos por todos, que no han sido capaces de transformar en realidades. El más sonado, y bajo mi punto de vista, el gran fracaso de la política municipal de vivienda y por tanto del Concejal de Urbanismo, ha sido el proyecto de las viviendas de la Renfe. Se anunció a bombo y platillo, lo vendieron como la gran respuesta, y ahora sigue siendo el gran interrogante. Cientos de familias de Caravaca, que siguen esperando a que mes tras mes se cumplan las promesas del Sr. Aranda, que repite, en el ánimo de que se convierta en realidad, la mentira de que el proyecto está ya que empieza.
Pero no se queda la cosa ahí, están también los del almacén del trigo, las de la calle larga…y unas cuantas que no dejan de aparecer en los medios de comunicación, pero que al final no dejan de ser proyectos que duermen en el cajón de algún político despistado, que desde luego no tiene como prioridad el hecho de que los ciudadanos sobre los que gobiernan puedan acceder a una vivienda digna y a un precio justo.
En un municipio que ha incrementado la cantidad de suelo urbanizable como el nuestro, donde se han aprobado miles de viviendas en diferentes urbanizaciones, es curioso que, nunca se haya puesto el acento en incrementar el número de viviendas que podían mejorar el acceso de la mayoría de los caravaqueños. Se ha favorecido la especulación, el mismo Ayuntamiento vendiendo suelo, desde el Campo de Fútbol hasta el último metro cuadrado que poseía. Ahora se presenta una posición curiosa, miles de viviendas vacías e inasequibles.
No se ha trabajado en ningún momento en conseguir una buena bolsa de suelo público y tampoco en la construcción de un buen número de viviendas protegidas, bien construidas por el Ayuntamiento, o por promotores privados, que permitieran la creación, como se ha venido pidiendo desde diferentes asociaciones y sectores de la sociedad, de un número suficiente de estas viviendas como para competir con la oferta de viviendas libres y por tanto, moderar su precio.
Es el momento de empezar a trabajar en cambiar los proyectos del papel a la realidad, de fijar prioridades, de trabajar porque los ciudadanos tengan un mejor acceso a lo que todos en un momento u otro deseamos, una casa, un lugar digno al que llamar hogar y sobre todo que sea asequible y no nos cueste la vida. Es una asignatura pendiente de este ayuntamiento que ya dura 10 años y va siendo hora de aprobarla.